Las mujeres en el mercado laboral de América Latina durante el Siglo XX

El proceso de incorporación de las mujeres al mercado de trabajo no ha sido un camino fácil. Los modelos de desarrollo a los que ha apostado América Latina, han dado como resultado dinámicas diferentes en la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo. Sin embargo, desde la segunda mitad del siglo XX se han ido procesando una serie de cambios en las opciones personales de las mujeres y las familias que han dado como resultado un nuevo escenario para que estas golpeen la puerta del mercado laboral enfáticamente. Una vez dentro del mercado, las desigualdades que caracterizaban su participación adquieren otra dimensión y se concentran en los salarios y en el desigual acceso a los puestos de trabajo.

Diferentes estudios sobre la participación de las mujeres en el mercado de trabajo han señalado que su presencia depende fuertemente del tipo de producción que tienen los países (Boserup 1970, Goldin 1994, Olivetti 2013). Las sociedades agrarias tenían una mayor presencia de las mujeres en el trabajo, en parte explicado por el hecho de que el trabajo y el cuidado del hogar ni eran muy distintos, ni estaban físicamente separados. El proceso de industrialización, generado en entornos urbanos, tendió a la separación entre el hogar y el mercado sentando las bases de la diferencia económica entre el trabajo productivo (masculino) y reproductivo (femenino), produciendo así un retroceso en la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo. Será con el avance y diversificación de las economías, con el incremento del sector servicios, con el mayor requerimiento de personal calificado, que se procese un cambio en el trabajo para las mujeres; y aun así, muchas se incorporan a los puestos de trabajo peor remunerados y con más dificultades de ascenso social.

América Latina, región cargada de matices entre sus países y sus habitantes, tiene algo en común: ha terminado el siglo XX con altos niveles de desigualdad, semejantes a los observados a principios de 1900 (Bértola and Ocampo 2012). Y en estos resultados es importante cuánto de esa persistente desigualdad es explicada por las inequidades en el mercado de trabajo entre hombres y mujeres.

Las mujeres, que se insertaron tímidamente en el proceso de industrialización que llevó adelante la región a mediados del siglo XX, se ubicaron en sectores altamente feminizados como la industria textil. Pero mientras tanto, fueron experimentando una serie de cambios que tuvieron que ver más con sus vidas personales y familiares que con sus opciones laborales. Desde la segunda mitad del siglo, las mujeres comenzaron a retrasar la edad del matrimonio y reducir el número de hijos. Al comenzar la segunda mitad del siglo XX la fecundidad promedio de América Latina se aproximaba a los 6 hijos por mujer; a partir de ese momento, en la mayoría de los países de la región se comienza a producir un descenso en el número medio de hijos por mujer y para finales del siglo XX la región alcanza una fecundidad levemente inferior al promedio mundial (2,76).

Al mismo tiempo se procesa otro cambio igual de significativo. En este período, el nivel educativo de las mujeres ha progresado hacia un grado sin precedentes. En 1950 la región tenía una tasa de analfabetismo de alrededor del 55% entre las mujeres mayores de 25 años, pero en el 2000 se había reducido a menos del 12%. En todos los países de la región, la proporción de mujeres que ha completado la escuela primaria paso de 12% a 22%, en la enseñanza secundaria paso de 3% a 21% y en la enseñanza terciaria pasó de 0.3% a un 8%, todos ellos en el período 1950-2000.

Estos cambios pueden haber dado como resultado un incremento significativo en las tasas de participación laboral de las mujeres, que pasaron de niveles promedio del 25% en 1950 al 50% en el 2010 para el conjunto de la región. Sin embargo, esta incorporación al mercado de trabajo revela otro tipo de desigualdades igual de relevantes. Una vez abiertas las puertas del mercado laboral, las mujeres ingresan en los estratos peor remunerados de la escala salarial y su proceso de ascenso parece costoso y empinado. El hecho de haber reducido el número de hijos por mujer parece tener un impacto significativo, no solo en el incremento de trabajadoras, sino en la equiparación de horas de trabajo entre ambos sexos acompañado por una fuerte inversión en materia educativa. Pero es precisamente esta inversión en educación, la que esconde las mayores desigualdades salariales; cuanto más educados son hombres y mujeres, más pronunciada es la brecha salarial entre ambos sexos.

Para esta América Latina que debe esmerarse en cerrar las brechas de la desigualdad, queda un largo camino para recorrer en materia laboral. Como economías en desarrollo deberían mirar estas inequidades desde la ineficiencia en la utilización de recursos educados y aptos para encarar la transformación productiva que el crecimiento demanda. Y como sociedades deberían preguntarse qué tan pesado es el lastre de las desigualdades entre hombres y mujeres para alcanzar sociedades justas y plenas.

Silvana Maubrigades

Socióloga e Historiadora Económica. Profesora Adjunta del Programa de Historia Económica y Social de la FCS

Esta nota fue publicada originalmente en Montevideo Portal. Acceda a través de este enlace.


Referencias:

Bértola, L. and J. A. Ocampo (2012). The economic development of Latin America since independence. Oxford, Oxford University Press.

Boserup, E. (1970). Women’s role in economic development. Nueva York, St. Martin’s Press.

Goldin, C. (1994). The U-shaped female Labor force function in economic development and economic history,. NBER Working Paper #4707.

Olivetti, C. (2013). The Female Labor Force and Long-run Development: The American Experience in Comparative Perspective, National Bureau of Economic Research.


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